Haccecall | Roque Cameselle, de Burritos Cabrones: Tex-mex con alma gallega, delivery gamberro y autenticidad a fuego lento
Roque Cameselle, responsable de marketing de Burritos Cabrones, comparte la historia detrás de una marca tex-mex con ADN gallego que ha sabido abrirse camino en el delivery con autenticidad y creatividad. A través de una propuesta directa, potente y alejada del fast food convencional, Roque nos habla del valor de construir marca desde lo visual, del aprendizaje continuo y del compromiso silencioso con el entorno. Descubrimos las claves de un proyecto que no sigue modas, las observa… y las transforma a su manera.
El perfil
Nuestro invitado se ha movido siempre en el terreno de lo visual y lo creativo. Aunque comenzó estudiando publicidad, pronto se dio cuenta de que su pasión estaba en el audiovisual con enfoque estético. Ha dirigido videoclips, anuncios y piezas creativas, lo que le dio una base sólida para entender cómo conectar con el público desde lo visual.
Su entrada en Burritos Cabrones fue casi accidental: empezó colaborando en tareas de comunicación de forma informal, hasta que el proyecto lo absorbió por completo. Hoy es el responsable de marketing, y su visión estética y estratégica ha sido clave para consolidar la marca.



El origen
Detrás de Burritos Cabrones hay un origen tan espontáneo como preciso. La idea fue de su hermano —CEO del proyecto— durante los días más crudos de la pandemia. En un mercado saturado de pizzas y hamburguesas, decidió apostar por una propuesta diferente: burritos tex-mex.
El concepto no era solo gastronómico. Buscaban un formato sabroso, rápido y original. Roque nos cuenta que eligieron un estilo “gordo, potente y divertido” que, sin ser mexicano puro, conecta con esa fusión americana que permite adaptarse al paladar gallego. El proyecto arrancó con un MVP –producto mínimo viable-casi simbólico: un menú en PDF y cuatro platos básicos. Aún así, “funcionó desde el primer día”. Hoy, el delivery representa casi el 50 % de su facturación.
Posicionamiento y diferencial
La propuesta de Burritos Cabrones se aleja del fast food convencional. Su mantra: ser rápidos sin renunciar a la calidad: “En un burrito, no puedes esconder una carne mala detrás de queso derretido. Todo tiene que estar bueno de verdad”, resalta Roque.
Otra de sus señas es la personalización extrema. Los clientes pueden construir su burrito ideal eligiendo entre decenas de combinaciones. Eso sí, a diferencia de una hamburguesa, el público todavía necesita cierta “educación” sobre cómo funciona un burrito. Por eso el equipo ha trabajado mucho en la experiencia de usuario, tanto en el local como en su web.
Marketing con sentido (del humor)

Instagram es su principal plataforma. Tras comprobar que Facebook ya no les generaba atracción real, se volcaron en contenidos nativos como Reels, donde “la correlación entre visualizaciones y ventas es medible”.
Pero donde marcan la diferencia es en el tono. Huyen de plantillas y apuestan por historias propias, creativas, a veces arriesgadas. Un ejemplo: grabaron un minicorto con un cliente tipo como protagonista. Si salía mal, al menos se habrían divertido.
TikTok es su próxima frontera, aunque con cautela. Roque confiesa que todavía están aprendiendo a acotar contenidos a nivel local (su mercado es Vigo), pero están investigando formas de segmentar sin perder la esencia.
Crecimiento realista
Crecen, sí, pero sin atajos. No vienen de grandes fondos ni buscan multiplicarse por veinte. Su objetivo a medio plazo: “pasar de uno a diez locales en cinco años”, el primero de ellos ya en preparación. Eso sí: cuidando cada paso.
Saben lo que es tropezar. Su primer local apostó por una estética de neón oscura que confundía más que atraía. El cambio vino tras escuchar el feedback de los clientes. El rediseño de espacio y atmósfera lo cambió todo: el ambiente se volvió cálido, el aforo se llenó y la marca conectó mejor.
La web como guía, no como único canal
La web de Burritos Cabrones es central, pero no se impone. No hay botón de reserva ni estructuras rígidas. Su función principal es pedagógica: “guiar al cliente paso a paso para montar su burrito perfecto, como si fuera un menú de poke”.

A nivel visual, refleja su universo: humor gráfico, estética skater, referencias pop. Una mezcla entre graffiti y pegatinas que se traslada también al local. Para ello contaron con un diseñador que logró unificar esa esencia urbana y tex-mex de forma coherente.
Contra las modas por sistema
Cuenta que Burritos Cabrones no se deja arrastrar por cada trending topic. Han aprendido que seguir todas las tendencias solo lleva a perder identidad. Prefieren observar, adaptar si encaja, pero nunca forzar. En San Valentín, por ejemplo, prefirieron retrasar un vídeo romántico para no diluirse en la marea de corazones y hashtags.
Su conclusión: mejor calidad de repercusión que alcance vacío. Les interesa que sus contenidos conecten con prescriptores, con gente que recomiende, no solo con scrolls fugaces.
Compromiso silencioso
Roque afirma que la marca apuesta por la sostenibilidad, pero sin proclamas. Casi todo su producto es de proximidad, su packaging es reciclado o reciclable, y hasta el diseño de los nuevos envases ha sido pensado para ser coherente y responsable.
Una anécdota lo resume todo: en el local, sirven los burritos en cestas reutilizables… que muchos tiran por error. Carteles, avisos y recogida manual no han evitado que varias terminen en la basura. No lo hacen por postureo verde. Lo hacen porque creen que hay que hacerlo.




Y el futuro…
Burritos Cabrones no quiere ser moda pasajera. Roque nos confiesa que quieren consolidarse como una marca auténtica, divertida y sostenible, que crece sin perder el alma. El segundo local está en camino.
¿Y después? Seguirán paso a paso, sin atajos y con el mismo burrito potente, sabroso y honesto con el que empezaron.